Helado de limón

by anonymous // print

Siento que voy a explotar, a implosionar.
No puedo entenderlo, no puedo creerlo.
Cuánta confianza en sí mismo.

Illustration: “Dancing out of the Bubble” by Entonaze

“No sé dónde poner mi ira cuando eso sucede”.

“Sí, yo siento lo mismo, te entiendo muy bien”.

“Y es que es mucha la rabia. Me enojo demasiado cada vez”.

Siento que voy a explotar, a implosionar.
No puedo entenderlo, no puedo creerlo.
Cuánta confianza en sí mismo.
Cuánta seguridad en sí mismo.
Cuánta autoestima.
Los hombres tienen.
Yo tampoco puedo entenderlo, no puedo entenderlo.
Lo único que puedo hacer en ese momento es enfadarme, estar fuera de mí, odiar.
Ni siquiera me atrevo a sacarles el dedo.
Aparte de que, de todas formas, no serviría de nada.

Y sabés,
La ira es muy grande.
La siento en todo mi cuerpo.
y mi corazón late con fuerza.
Y luego sigo corriendo
Con esta rabia
Fingiendo que todo está bien.
Y entonces, ya sabés,
Viene lo peor.
La ira se debilita y se va, dejando atrás a su hermana, la desesperación

Me hace sentir tan malditamente impotente. 
Como lo que se supone debería ser.
Una mujer indefensa, asustada y silenciosa, acelerando sus pasos. 
Veo a esta mujer -yo- desde fuera y siento desesperación y rabia.
Pero esta vez por mi culpa. Porque soy la mujer que estoy hecha para ser.

Cuando alguien me dice. 
“Ey, guapa, tenés unas tetas estupendas, ¡vamos, dos euros!” 
Y me falta valor para defenderme. 
Y sólo hay – ira.
“Me gustaría poder decir algo que lo mejore. Pero es así. Es tan terrible. Ni siquiera sé qué decir, aparte de que no estás sola en esto. Y que te entiendo. Tu ira. Tu impotencia. Me gustaría poder ayudarte de alguna manera, cambiar algo, pero no sé cómo. Eso es lo peor… Debe haber algo que puedas hacer… Eso es lo que también me desespera”.

sentirla antes de verla
mi helado de limón en el waffle pierde de repente su sabor.
sentir muy ligeramente, imperceptiblemente en realidad, cómo
los hombros se levantan
los músculos del cuello se tensan
las fosas nasales tiemblan
en mí, en mis dos amigas
a unos diez metros de distancia
para caminar
hasta

“¡Hola! –
los brazos abiertamente extendidos desde el borde de la carretera justo delante de nosotros
– ¡Oigan! ¡Chavas! ¡Te amo! ¡I love you!
los brazos abiertamente extendidos se acercan a mí, huelo a desodorante, ya puedo sentir la sensación de extrañeza pegada a mí

– ¿Me querés? ¡Te quiero! ¿Tú…?
Frunzo el ceño, sacudo la cabeza, “¡No!”, agita los brazos frente a mí, de nuevo: “¡No!”
“¡Vamos! ¡Chica! Te quiero”. Risas
los brazos extendidos corren hacia atrás delante de mí
mi brazo se extiende hacia adelante, 
– ¡Guapa! ¡Te Amo! Dejame…
golpeo un brazo extendido a un lado, mi pierna derecha da un paso rápido en el hueco creado

Risas

los brazos extendidos vuelven al borde del camino
y después de 20 metros
estamos de vuelta entre
¿Nosotras? 
No estoy sola en lo absoluto.

-“Pensé que le ibas a dar una cachetada”, se ríe Marie.
“¡Uff que horrible!”, añade Lena.
“Pensé que te ibas a volver loca”.
“Pero era bastante agradable en cierto modo”.
“En cualquier caso, no es un problema de compromiso como el de Ben. Nunca nadie me había dicho tan rápido que me quería”.

Risas

Silencio

“Creo que, claro, esto suena un poco estúpido ahora, pero cuando me pasa algo así, me lo tomo como un cumplido. En realidad, está pensado así”.
“Sí, totalmente.  Y no dijo nada malo hace un momento”.
“Claro, a veces es molesto, pero al menos tienen el valor de decir cuando piensan que alguien es bonita”.
“Sí, ayer no dijiste ni una palabra en el bar hasta que el tipo empezó a hablarte”.

Risas

Silencio

A las dos parece gustarles el helado.
El mío se ha derretido, corriendo por mi dedo, pegando todo, mezclándose con el olor a desodorante del hombre.
El sol brilla con fuerza sobre nosotros.
Caliente por fuera, caliente por dentro.
La ira caliente.
‘Al fin y al cabo los  hombres tienen valor’.

Yo no.

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